Mi camino en la abogacía comenzó hace más de dos décadas, con la ilusión de poner el conocimiento jurídico al servicio de las personas. Durante estos años he recorrido diferentes áreas del Derecho —civil, penal, inmobiliario, sucesiones— y he tenido la oportunidad de trabajar con clientes muy distintos, cada uno con su propia historia y sus propias necesidades.
Con el tiempo entendí algo importante: no basta con dominar la ley, hay que comprender a la persona que tienes delante. Muchas veces, cuando alguien acude a un abogado, no está buscando únicamente una solución legal, sino también comprensión, claridad y un acompañamiento que le devuelva la tranquilidad.
Esa toma de conciencia me llevó a dar un paso más y crear MERINO Abogacía Consciente. Quería que mi trabajo reflejara la idea de que se puede ser firme y profesional sin perder la empatía. Que escuchar es tan importante como argumentar. Que explicar un procedimiento con palabras sencillas puede marcar la diferencia entre un cliente preocupado y agobiado y un cliente que se va a sentir capaz de afrontar el proceso.
Hoy, mi forma de ejercer el Derecho se basa en la combinación de tres pilares: conocimiento jurídico, cercanía humana y visión integradora. Porque detrás de cada contrato, cada demanda o cada acuerdo, siempre hay una persona que merece ser tratada con respeto y dignidad.
